Turno
de tarde en esa unidad de medicina interna, cajón desastre de patologías varias,
encabezadas por multitud de abuelos. No habían pasado ni cinco minutos y la
abuela de la 1212 ya había canturreado en dos ocasiones la misma cantinela: “Jesuuus te miro a los ooojos, parece mentira
que te hayan clavaaado…”.
La
noticia de la semana aún se comentaba. Desde hace un par de noches, la gran
mayoría de los abuelos estaban desorientados y agitados durante ese turno. Quizás
fuese algo totalmente normal; lo novedoso, sin duda, era la alucinación
colectiva: todos habían visto a Jesucristo.
De
los pacientes más afectados era la abuela de la 1212, que ya llevaba 48 horas cantando:
“Jesuus, te miro a los ojos…”, seguida
muy de cerca de otros que rezaban el rosario, el padrenuestro y otras oraciones.