Violentamente aporreaba la entrada cerrada, hizo caso omiso del gran cartel: “toque el timbre”.
Medico,
técnico y yo nos despertamos casi a la vez, sobresaltados. Se identificó como
guardia civil a la vez que nos mostraba su placa y, para dar mayor veracidad a
su testimonio, nos dejó ver como el que no quiere, su arma que prendía del
cinturón de su pantalón.
“En breve va acudir un alto cargo político
para qué lo atendáis. Exijo máxima discreción, no se podrá, en ningún momento,
revelar su identidad y para asegurarme de ello os requiso vuestros teléfonos móviles”.
Yo se lo entregué sin más dilación, técnico y médico se opusieron pero pronto
cedieron ante la insistente, autoritaria y casi violenta voz del picoleto.