miércoles, 16 de enero de 2013

Se cómo se siente Cecilia Giménez


Pongamos que se llama Ana, que tiene 89 años, que se encuentra ingresada en un hospital que, de momento, y a día de hoy, sigue siendo público.

Ana esta mañana está más nerviosa de lo habitual, esa tarde, y después de cinco días de hospitalización recibiría la visita de sus hijas y nietas.

Cada vez que entraba en la habitación fijaba la mirada en el bolsillo delantero de mi uniforme. Lo interpreté como intentos frustrados de leer mi nombre escrito en la tarjeta identificativa que colgaba de dicho bolsillo, así que se lo dije, pero la cara indiferente de Ana me dio a entender que me confundía.


-       ¿Qué miras Ana?
-       Eso que tienes ahí es un retuladó.

Ciertamente era un rotulador, los enfermeros, para identificar la medicación, solemos utilizar un rotulador de punta  gruesa tipo edding 3000, en mi caso, de color negro. Se dirigió a mí:

-       Esta tarde recibo la visita de mi familia, quiero estar guapa ¿Me puedes hacer un favor?
-       Claro.
-       ¿Me puedes pintar las cejas?

De nada sirvió que le explicase que suspendí dibujo artístico en el instituto o que aprobé dibujo lineal con un cinco raspado.

Quizás presionado por Mi Yo Interior  (MYI): “Se bueno padre“, o quizás por la cara de Ana: tipo campaña navideña, eso sí desprovista de cejas  y apoyándome en ese cinco en dibujo lineal, dije sí, e hice lo único que sabía hacer: líneas. Una línea hacía arriba y otra hacía abajo y repetí la misma operación en el ojo derecho.^^

Mirando de cerca eran dos casi perfectos triángulos equiláteros sin unir por las bases. Pero al alejarme unos pasos, pude observar con la lengua entre mis dientes, como quien ha acabado una obra de gran calibre, que Ana se parecía a Zapatero con cara de sorpresa, a Mr Bean con cara de sorpresa o al capitán Spot con cara de sorpresa.

La entrada del celador no mejoró nada la expectativa: “Qué cabrón eres”, según mis compañeros del turno de la tarde todo un piropo, comparado con los comentarios que de mí hicieron los familiares de Ana.

“Esta mañana viene la hija de Ana, ¿qué le vas a decir?” Me espetó el celador al día siguiente. Simplemente dos cosas: que el rotulador  se borra con alcohol y que se perfectamente cómo se siente Cecilia Giménez, restauradora del Ecce Homo.

6 comentarios:

  1. Bueno...esta historia me resulta emotiva. Tu seguro que hiciste lo que pudiste! Saludos.

    ResponderEliminar
  2. jajajajajajajajajaaja
    Fotooooooooooosssss! Quiero fotossss!
    Ay! Se me estan saltando las lárgimas!
    Noelia eres muy buena!!!
    jajajajajajaja

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Nooooo foto noooo David k me matannn la hija la primera

      Eliminar